Lo que hay que saber sobre la computación en la niebla

Simon Bramble

15/07/2016

Las infraestructuras informáticas cada vez se parecen más a las  predicciones meteorológicas de tiempo variable: estructuras de red soleadas con buena cobertura de nube y formación de bancos de niebla. Ya sabemos lo que es la computación en la nube y las ventajas que supone. ¿Y la computación en la niebla? ¿Es una palabra de moda más o una innovación real?

La mejor forma de entender la computación en la niebla es como un derivado de la nube. Como sugiere su nombre, la computación en la niebla es un conjunto de procesos que tiene lugar a un nivel inferior de cualquier red, más cerca de las fuentes de datos. Es una cuestión de eficiencia, de situar los recursos y los servicios de aplicaciones en el mejor lugar para reducir el volumen de datos que hay que transmitir a la nube para su procesamiento y almacenamiento.

Esto supone emplazar dispositivos inteligentes con capacidad de procesamiento propia en la periferia de las redes; de ahí el nombre alternativo de la infraestructura en la niebla: «edge computing» (computación en los bordes). Este enfoque descentralizado de las redes está en alza gracias a tendencia conocida como Internet de las cosas (IoT).

Donde acaban las burbujas y empieza la niebla

Una máquina expendedora de refrescos que permite al cliente mezclar los sabores a su gusto debe realizar tareas específicas rápidamente a la vez que obtiene, analiza y finalmente envía datos. Además de transmitir los datos de ubicación a los clientes mediante una aplicación y de mezclar la bebida, la máquina recopila un montón de información sobre las preferencias del cliente antes de enviarla a un servidor centralizado. La máquina consigue hacer todo esto casi instantáneamente gracias a un servidor local.

Además de reducir la latencia del análisis e intercambio de datos y de ser extremadamente útil para los aficionados a las bebidas con burbujas, en algunos casos puede salvar vidas. Los sistemas de computación en la niebla se utilizan en los sistemas de comunicaciones entre vehículos que se instalan en los coches a medida que aumenta la autonomía de estos. Redes ferroviarias con miles de kilómetros de vías están aprovechando las ventajas de una infraestructura capaz de procesar datos de velocidad y localización en tiempo real con una fiabilidad del 99,999 % en condiciones climatológicas extremas.

Datos limpios y manejables

Al procesar los datos brutos recopilados en dispositivos inteligentes in situ antes de enviarlos a la nube, se reduce notablemente el cuello de botella que se producía con la «limpieza» centralizada de coágulos de información.

Ryan LaMothe, investigador en el Pacific Northwest National Laboratory, describe a la revista Government Technology una situación hipotética en la que drones con un sistema en la niebla podrían investigar una zona afectada por una catástrofe.

«Deben ser capaces de averiguar quién está en la zona y comprender el contexto de la misión para después reunir esos datos y enviárselos a la persona que se encuentra sobre el terreno y que necesita esos datos inmediatamente», afirma LaMothe. «Al final se trata de hacer mucho más eficaz la respuesta a situaciones de emergencia».

Aunque algunos creen que la computación centralizada es mejor que la local y que los sistemas distribuidos nunca serán tan eficientes como la infraestructura en la nube pura, no hay duda de que la computación en la niebla va en aumento. El IoT está cada vez más interconectado y lo que impulsará su adopción será la computación en la niebla.

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