¿Y si la industria 4.0 en realidad no existiera?

Stuart Constable

01/11/2018

Seguro que has oído hablar de la industria 4.0 o la 4.ª Revolución Industrial. Son términos que describen el impacto de la transformación digital en la fabricación y la cadena de suministro. Pero ¿y si todo esto fuera una idea equivocada? Accenture lo cree así, ya que la digitalización no es un solo cambio revolucionario, como una red de canales o una máquina de vapor. Es un flujo constante de brillantez rompedora, lo que significa que tal vez la revolución no termine nunca.

La gente adora las etiquetas. Especialmente cuando no está totalmente segura de algo.

Sucede en la industria musical, donde la idea del género se ha vuelto casi más importante que la propia música. Es como si las personas no supieran qué tipo de música les gusta a menos que sepan a qué género pertenece.

Cuando se empezó a hablar de industria 4.0, el término conquistó nuestra imaginación. Estábamos ante la 4.ª Revolución Industrial, similar a la era del vapor, el auge de la electrónica o la llegada de la tecnología de la información. Sencillo.

Pero en realidad esta revolución no puede compararse con ninguna otra. Ni siquiera es una evolución, ya que no es un largo proceso de adaptación gradual a un cambio de circunstancias. Es una progresión marcada por grandes sacudidas de innovación y por el efecto de los llamados «cisnes negros», sucesos muy raros e improbables con una repercusión desproporcionadamente grande.

Para cualquiera que lleve un negocio, ese tipo de cambio crea un entorno comercial duro. Por supuesto, también surgen muchas oportunidades, especialmente para quienes innovan o adoptan las novedades antes que los demás. Pero también podemos vernos amenazados por un competidor totalmente nuevo o quedarnos atrás a causa de un avance tecnológico que se produzca a un ritmo más rápido que en cualquier otro momento histórico.

Accenture ha resaltado este fenómeno con una investigación que revela que solo el 13 % de los ejecutivos de empresas industriales considera que su inversión en tecnologías digitales ha mejorado la eficiencia o ha contribuido de alguna manera al crecimiento. Estos datos podrían considerarse alarmantes, sobre todo si tenemos en cuenta lo mucho que están dando que hablar tecnologías como el Internet de las cosas, la inteligencia artificial y la impresión 3D.

Pero lo que destaca el informe Combine and Conquer (Combinar y conquistar) es que gran parte del problema podría deberse a la etiqueta «Industria 4.0». Asociar la digitalización a un momento de transformación concreto (las cosas no eran digitales y ahora sí) hace que se malinterprete la naturaleza de la transformación digital.

Para que la digitalización resulte verdaderamente rentable, su alcance debe llevarse lo más lejos posible. Por ejemplo, por más que se incorporen sensores a un almacén o a una a fábrica para crear nuevos canales de datos valiosos, ese flujo de información solo empezará a mejorar el rendimiento y la productividad cuando se integre con otras fuentes de información fundamentales, como los datos de los clientes o de toda la cadena de suministro. Se trata de ir ampliando miras y, al mismo tiempo, estar preparados y abiertos al próximo cambio que dé al traste con todo lo anterior.

La era digital ha puesto sobre la mesa una definición clásica según la cual los buenos directivos son aquellos que «nunca están satisfechos con el statu quo». Si aplicamos este enfoque a la industria 4.0, podremos empezar a verla como un cambio estratégico en nuestra forma de pensar. No como algo que haya que hacer por obligación, sino casi «como un viaje».

Esta forma de pensar ha condicionado los 25 años de historia del ThinkPad. La gama ThinkPad actual es más ligera, más fina, mucho más potente e increíblemente flexible, en comparación con los equipos originales. Como producto, el ThinkPad ha cambiado profundamente en un espacio de tiempo muy corto, pero los últimos modelos siguen siendo todo lo que representa el ThinkPad. Para mí, ese tipo de innovación constante es lo que de verdadero distingue a la industria 4.0.

En muchos blogs parecidos a este, la gente se queja sobre las expresiones y tecnicismos de moda. Pero lo cierto es que nos encantan; necesitamos las etiquetas para entender mejor el mundo que nos rodea, y por eso la industria 4.0 seguirá en boca de todos durante mucho tiempo. Pero es importante recordar que la 4.ª Revolución Industria no tiene final y que, traiga lo que traiga, no será lo que esperábamos.

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