Europa necesita el 5G y millones de inversión privada para su adopción

Brid-Aine Parnell

20/10/2016

Si la Unión Europea sigue sin ofrecer un aliciente a las empresas para que inviertan en las redes móviles de última generación, los nuevos mercados, como el Internet de las cosas, tendrán dificultades para poder avanzar.

Presentada como la siguiente fase en proyecto más importante de los estándares de telecomunicaciones móviles, la red 5G (esto es, las redes móviles o sistemas inalámbricos de 5ª generación) es capaz de alcanzar velocidades de datos de 10 megabits por segundo de decenas de miles de usuarios, ofrecer una mayor eficiencia espectral y de señal, además de reducir la latencia, lo que se traduce en conexiones de Internet más rápidas y fluidas mediante redes móviles. Sin esta tecnología, es muy poco probable que los nuevos mercados y últimas innovaciones, como el Internet de las cosas, sean capaces de abrirse paso.

Panorama actual en la Unión Europea

La UE ha puesto el punto de mira en la red 5G como la tecnología de la siguiente generación que situará a Europa como sólida competidora de EE. UU. y China. En el último discurso sobre el estado de la Unión Europea, el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, se comprometió a crear un plan para dotar de conexión Wi-Fi gratuita a los espacios públicos de toda la UE para los próximos cuatro años e implantar la red móvil 5G en todo el territorio comunitario antes de 2025. Y de ahí sus palabras: “Necesitamos estar conectados. Nuestra economía lo necesita. La gente lo necesita. Y tenemos que invertir en esa conectividad ahora mismo”.

Se hace necesaria una inversión de gran calado para garantizar una conectividad con una alta tasa de gigabits en escuelas, universidades y empresas enfocadas a la economía digital de áreas urbanas, así como para acceder a Internet con una velocidad mínima de 100 Mbps, ya sea en ciudades o zonas rurales, y disfrutar de conexiones 5G.

Si se lleva a efecto dicha inversión, el PIB de toda la zona euro podría verse incrementado en unos 910 mil millones de euros y se podrían crear más de tres millones de puestos de trabajo para antes del 2025.

Desarrollar un marco adecuado para que las empresas inviertan al máximo

A pesar de lo positivo de los datos expuestos, la UE no será capaz de lograr dichos objetivos si el conglomerado empresarial no participa en el proceso mediante una contribución sustancial. En virtud de las estimaciones actuales, los 500 mil millones de euros que se deben invertir a lo largo de la próxima década deben proceder en gran parte del sector privado, por lo que, en aras de estimular las inversiones, Europa ha propuesto un nuevo Código de Comunicaciones Electrónicas de la Unión Europea con el que pretende aumentar la competitividad y mediante el cual será posible gestionar el espectro radioeléctrico de forma más uniforme en todo el continente.

Actualmente, las previsiones de la UE ponen de manifiesto una presumible caída de 155 mil millones de euros en la inversión privada, recurso indispensable para cumplir con los objetivos fijados. No obstante, incluso en el caso de que dicho código de comunicaciones obtuviera el beneplácito de las empresas para corregir estos desajustes, su intervención seguiría siendo insuficiente para que la UE mantuviese un perfil competitivo.

Recuperar terreno frente a EE. UU. y China

El comisario europeo de Economía y Sociedad Digital, Guenther Oettinger, afirmó el mes pasado en el Foro Europeo de Alpbach, celebrado en Austria, que Europa necesitaba invertir hasta 700 mil millones de euros para ponerse al día con Estados Unidos y China.

A todo esto añadió que si Europa no logra acelerar el desarrollo de redes de fibra óptica y redes 5G, “perderíamos la batalla, porque las aplicaciones más prometedoras de la industria no serán posibles en Europa”.

La próxima generación implicará un mayor tráfico de conexiones

Aunque la búsqueda de una definición más específica de lo que representará la red 5G ha estado presente en algunos debates, es más que evidente que no basta solo con centrarse únicamente en aumentar la velocidad de las conexiones. De hecho, es esencial que este tipo de redes sean capaces de gestionar más conexiones de manera simultánea y ofrece una mejor cobertura.

Hoy en día, son muchos los obstáculos que la tecnología 4G encuentra en el camino para adaptarse al gran número de teléfonos móviles, tabletas y ordenadores por metro cuadrado que inundan los núcleos urbanos densamente poblados. Y si a esto le añadimos la gran variedad de dispositivos conectados al Internet de las cosas, desde frigoríficos a vehículos, el número de conexiones se dispara exponencialmente.

En Europa urge una renovación tecnológica que se debe favorecer con la llegada de las redes 5G y es imprescindible que su implantación se lleve a cabo en igualdad de condiciones con EE. UU. y China en materia de calidad y recursos económicos. De lo contrario, la zona euro se arriesga a quedarse rezagada.

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