Crea un espacio de trabajo productivo

Gareth Kershaw

10/04/2019

Tanto si utilizas un espacio de trabajo compartido como si tienes el tuyo propio, siempre hay algún modo de personalizarlo. Cómo hacerlo depende en parte de la personalidad de cada uno, pero una táctica habitual es hacer limpieza. Las nuevas tecnologías también pueden ayudar con esto; por ejemplo, mediante dispositivos de oficina más orientados al consumidor u ordenadores todo en uno que ahorren espacio y ofrezcan mayor comodidad. Todo forma parte del pensamiento convergente que está transformando de manera inteligente la productividad, desde el centro de datos hasta el sistema de sobremesa, escribe Gareth Kershaw.

Lo reconozco, es una forma un poco rara de empezar un blog sobre la evolución del espacio de trabajo, pero vamos a hablar de ciclismo. En concreto, del ciclismo británico y sus impresionantes logros en los últimos diez o veinte años.

Múltiples campeones olímpicos y mundiales, ganadores de las Grandes Vueltas, Hoy, Wiggins, Thomas, los Kenny… En pocas palabras, una historia de éxito bastante impresionante.

Sobre todo porque se debe, básicamente, a una idea sencilla de un solo hombre: Dave Brailsford. ¿Su idea? Descomponer cada elemento del montar en bicicleta, mejorarlos en solo un 1 %, volver a combinarlos, y el resultado será una mejora general espectacular.

¡Y vaya si la teoría funcionó!

¿Podría aplicarse esto a la productividad empresarial (relación entre los resultados y el tiempo, la energía y los recursos dedicados)? Se puede, pero no es tarea fácil. Para empezar, hay bastantes más partes y personas implicadas.

Sin embargo, hay algo bastante obvio que se puede mejorar de forma inmediata: el espacio de trabajo (la rueda delantera de la bicicleta de la productividad). De hecho, siendo avispados, es posible obtener resultados rápidos.

Si tu espacio de trabajo está «creando interferencias con tus objetivos», por ejemplo, podrías estar ocasionándote problemas mecánicos sin siquiera saberlo. Es lo que afirmó recientemente Anja Jamrozik, doctora en ciencia del comportamiento y asesora de Breather —proveedor de espacios de trabajo flexibles—, en una entrevista con Fast Company.

«El espacio de trabajo es un factor infravalorado —comenta—. Todos somos conscientes de si un compañero de trabajo es “ruidoso” en un momento dado, por ejemplo; pero, a mayor escala, no solemos pensar en cómo podría afectarnos a lo largo del día, de la semana o del año».

Explica que este tipo de cosas, que parecen insignificantes, pueden afectar al espacio de trabajo y, por lo tanto, a la satisfacción, el estado de ánimo, el rendimiento y la productividad. Y, aunque algunos elementos puedan parecer fijos, lo cierto es que casi cualquier cosa puede ser modificada, incluso en un espacio pequeño, para mejorar la situación.

Parece ser que se pueden tomar dos medidas inmediatas.

En primer lugar, adaptar tu espacio a tu trabajo. ¿Qué tipo de tareas realizas? ¿Tu espacio de trabajo te las facilita o te las hace más difíciles?

«Piensa en tu casa —sugiere—. No te irías a pasar el rato al cuarto de la lavadora». Lo mismo ocurre en la oficina.

En segundo lugar, pensar en la comodidad. Es una mera realidad que trabajamos mejor cuando estamos cómodos. Elementos básicos como la temperatura, la iluminación o incluso la decoración y el hecho de tener plantas pueden influir en este aspecto. (Según un estudio publicado en el Journal of Experimental Psychology, las plantas pueden aumentar la productividad de los empleados en un 15 %).

El hecho de utilizar espacios de trabajo compartidos entraña, obviamente, dificultades a la hora de personalizarlos. Pero, según Jamrozik, esto no tiene por qué ser un problema. Algo tan evidente como el mobiliario, como un escritorio o silla ajustable, puede «hacerme sentir que tengo mi propio espacio en lugar de simplemente un asiento cualquiera en una mesa cualquiera».

Por último, y desde luego no por ello menos importante, el inevitable desorden. Montañas de papeles, desechos acumulados durante toda la semana, una maraña de cables, estaciones de trabajo demasiado grandes y poco prácticas… Todo esto puede afectar la productividad de manera sorprendente, y diferente según la personalidad.

Según Jamrozik, las personas extrovertidas prefieren más información visual en su espacio, mientras que los introvertidos suelen preferir ambientes más sobrios. Depende de cada uno.

En cualquier caso, la tecnología es crucial. Sobre todo porque continúa la convergencia entre las tecnologías del hogar y de la oficina, y con ella la reducción del tamaño de las TI y la aparición de tecnologías orientadas al consumidor. Al fin y al cabo, ¿a quién no le gustaría poder consultar su base de datos de marketing de manera tan rápida y sencilla como pedirle a Alexa que encienda la luz de la cocina?

Los ordenadores todo en uno, por ejemplo, están resultando ser uno de los principales motores de esta evolución. Al combinar espacio extra, comodidad y versatilidad con una gran capacidad de procesamiento y fiabilidad, estos sistemas, como la propia familia Tiny Eco de Lenovo, son una encarnación del ideal de Brailsford: un centenar de mejoras pequeñitas se unen para marcar una enorme diferencia en conjunto.

¿Te animas a tomar el buen camino?

Obtén más información sobre la evolución del espacio de trabajo y sobre la familia Lenovo Tiny Eco aquí>>

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