Por qué tener más sensores tiene sentido para todos

Thorsten Stremlau

17/07/2017

Thorsten Stremlau, principal arquitecto informático global de Lenovo, nos explica cómo ha evolucionado la tecnología de los sensores y cómo podría incluso salvar vidas.

Los sensores siempre han ayudado a los humanos a interactuar mejor con las máquinas y la tecnología, pero lo que en principio fue una manera de aumentar la eficiencia de los ordenadores se está convirtiendo rápidamente en una función con el potencial de salvarnos la vida.

Los coches, a la cabeza

Para darse cuenta de la proliferación de los sensores no hay más que fijarse en el sector del automóvil. Los sensores, como por ejemplo los indicadores de presión y temperatura del aceite, se utilizan desde hace décadas con fines puramente funcionales, pero ahora empezamos a ver todo tipo de sensores que hacen más segura y fácil la conducción. Por mencionar solo algunos de ellos, hay sensores que detectan si el conductor se está quedando dormido, si se sale de su carril, si hay un vehículo en su ángulo muerto e incluso si llueve, para activar los limpiaparabrisas.

En el campo de la informática y la computación personal, cuantos más sensores, más beneficios para el usuario.

Liberar el potencial

Los primeros sensores informáticos eran bastante primitivos. Su función principal era comunicar al ventilador que debía aumentar o reducir su velocidad en función de la temperatura de la CPU. Y eso era todo.

A principios de la década del 2000, Lenovo añadió más sensores a su gama ThinkPad. Por ejemplo, un sensor de impactos y movimiento que detectaba si el portátil se había caído y aseguraba que el disco duro pudiera aparcar sus cabezales para evitar daños al golpear el suelo. También era lo suficientemente sensible como para saber si alguien levantaba físicamente el ordenador mientras estaba bloqueado, activando una alarma que alertaba de un posible robo.

Nuestros sensores de temperatura eran tan precisos que una constructora los utilizaba para comprobar el estado de sus contenedores. Con un portátil en cada uno podían comprobar si había fuego en el contenedor o si se había estropeado la calefacción. La gente empezó a descubrir el potencial de estos sensores, utilizándolos más allá de los usos previstos.

Sensores de seguridad

Una de las principales aplicaciones es la seguridad. Por ejemplo, estamos integrando la cámara RealSense en nuestros dispositivos, por lo que vienen equipados con un canal de infrarrojos. Esto implica que se pueden sacar fotografías en 3D e incluso medir el flujo sanguíneo con solo dirigir el sensor a una persona, lo que permite determinar si el usuario del dispositivo es una persona real o nada más que una imagen que intenta engañarle.

Y no solo eso: el dispositivo también detecta los latidos del corazón y el pulso, unos parámetros únicos de cada usuario. Esto podría convertirse en un método más sofisticado de reconocimiento facial, lo que acabaría por reemplazar a las contraseñas, y resultaría también útil para la comprobación en programas de aprendizaje a distancia (para comprobar, por ejemplo, que quien realiza el examen es el alumno correcto y no un amigo suyo).

Mediante el micrófono y la tecnología inalámbrica actual, el dispositivo puede establecer el entorno del usuario y detectar si se está trabajando en silencio o si hay alguien más en la habitación.

Evidentemente, esto resulta útil en la seguridad de los hogares, ya que el sensor detectaría si alguien entra o está donde no debe. Pero también simplificará nuestras vidas tanto en casa como en el trabajo, por ejemplo encendiendo el ordenador e iniciando la sesión, o abriendo la puerta del coche con solo acercarnos.

Si añadimos a la mezcla un dispositivo ponible como una smartband o un smartwatch, podrían detectar también dónde se encuentra una persona y supervisar su pulso, de modo que sería posible descubrir si alguien se está haciendo pasar por otro.

Hay más tipos de sensores en el horizonte. Los audífonos instalados en cualquier auricular pueden medir la presión en el oído medio e interno, lo que es otro dato único de cada usuario. Si esto se combina con la tecnología de reconocimiento facial y de voz y la supervisión del ritmo cardíaco, conseguiremos un método infalible para identificar a la las personas.

Mejorar la salud

Los sensores denominados «biosniffers» ya ayudan a muchas personas a llevar una vida más saludable. En cuanto se incorporen en los teléfonos inteligentes, los usará cada vez más gente  a diario, lo que les permitirá tomar decisiones más informadas sobre su dieta y su salud.

Por ejemplo, los «biosniffers» pueden supervisar el aliento y detectar una serie de enfermedades y trastornos, incluidos distintos tipos de cáncer, tuberculosis, hiperglucemia e hipoglucemia. Incluso pueden detectar un infarto inminente al comprobar un alto índice de acetona y pentano en el aliento. El olfato humano no es capaz de detectarlo, pero un «biosniffer» podría comprobarlo sin dificultad.

Otros sensores podrán decirnos lo que contiene la comida, detectar el gluten (lo que sería útil en caso de intolerancia) o comprobar si la fruta y la verdura están frescas o si se están empezando a pasar.

La tecnología de sensores ha avanzado mucho desde que se utilizaba para evitar el sobrecalentamiento de nuestros portátiles. Si los consumidores reciben la información suficiente para utilizar esta tecnología de forma responsable, se podrá mejorar la calidad de vida de todos, tanto en casa como en el trabajo.

TAMBIÉN LE PUEDE INTERESAR...

La oficina de cara a 2020

Todo lo que necesitan saber las organizaciones del siglo XXI.