¿Por qué el sector público no se apunta al BYOD?

Clare Hopping

05/12/2017

Al sector privado le gusta el BYOD, pero entre los responsables de la administración pública parece ser relativamente impopular. ¿Cuál es el motivo? ¿Cómo se puede impulsar un cambio de actitud positivo?

El sistema BYOD, por el que los trabajadores utilizan sus propios dispositivos en el entorno laboral, ha sido ampliamente adoptado por el sector privado; se calcula que un 74 % de las empresas lo usan ya o planean hacerlo en un futuro próximo, pero el sector público no parece compartir su entusiasmo.

Por ejemplo, un informe reciente indica que alrededor de la mitad de los ayuntamientos de distrito de Londres no ha implementado una política de BYOD, lo que plantea la pregunta ¿por qué?

¿Qué tiene la política de BYOD que inquieta a los departamentos de TI de las administraciones públicas, a pesar de las ventajas (económicas y de otra índole) que se le atribuyen?

En el puesto número uno de la lista de argumentos en contra se encuentra la seguridad.

Seguridad

Después de varias notorias filtraciones de datos en lo que va de año, es fácil entender por qué los departamentos de TI rechazan cualquier posible solución que pueda aumentar las posibilidades de sufrir una suerte similar.

Las conexiones a puntos de acceso Wi-Fi públicos, con el consiguiente riesgo de infección por malware y peligros similares son las principales preocupaciones de seguridad en relación con el BYOD, y estos problemas son los que quieren evitar unos servicios públicos siempre faltos de recursos, dadas las posibles consecuencias de un fallo.

De hecho, la amenazadora sombra del nuevo Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) pone aún más peso sobre las espaldas de los agobiados departamentos de TI que trabajan en el sector público y les deja incluso menos margen de error del que tenían anteriormente.

De acuerdo con la nueva normativa, habrá más datos sujetos a las leyes de protección de datos y se deberá aplicar un mayor nivel de protección a los datos personales confidenciales, lo que supondrá más complicaciones para los departamentos de TI si pretenden integrar el BYOD en sus planes.

Permisos

Otro problema que ha surgido es el de los estándares. Decidir quién da el nivel que le permite usar su propio dispositivo para acceder y transmitir información potencialmente confidencial no es tarea sencilla. Y una vez tomadas las decisiones adecuadas, informar a los trabajadores sobre lo que pueden o no hacer con su dispositivo puede provocar más confusión e incluso problemas disciplinarios y de cumplimiento normativo.

Integración del hardware

La paridad del hardware es otro problema. Con la incorporación de tantos dispositivos diferentes, ¿cómo pueden garantizar los especialistas en TI una experiencia similar para todos y asegurarse de que no se producen filtraciones o violaciones de seguridad? La homogeneidad del hardware puede ser costosa, pero da gran tranquilidad, algo que a menudo brilla por su ausencia en entornos con BYOD.

Coste

El coste para el usuario puede ser otro problema asociado al BYOD. El tope salarial, la falta de unos sueldos competitivos y la escasez general de fondos pueden dejar a algunos trabajadores del sector público en una situación incómoda si se espera que faciliten (y financien) su propio hardware. También se debe tener en cuenta que el dispositivo probablemente dure mucho menos que si solo se dedicara a uso doméstico.

Ventajas del BYOD

Naturalmente, uno de principales argumentos a favor entre los responsables de TI es el dinero. El BYOD tiene el potencial de ahorrar una fortuna, pero es necesario evaluar cuidadosamente los riesgos.

El ahorro que supone no tener que adquirir grandes cantidades de dispositivos quizá parezca atractivo en principio, pero si se tiene en cuenta el aumento potencial del gasto en soporte informático, probablemente no lo sea tanto como parecía.

Sin embargo, incluso contando con la mayor demanda de personal de IT, el ahorro es considerable. Por otro lado, el coste de un dispositivo se queda corto en comparación con el de proporcionar formación para el uso de hardware propiedad de la empresa.

De hecho, la familiaridad con el hardware es otro aspecto positivo en general de una política de BYOD bien implementada. La comodidad y personalización del hardware no puede sino dar lugar a unos trabajadores más productivos y menos quebraderos de cabeza al personal de TI.

¿Está el cambio a la vuelta de la esquina?

Con la espada de Damocles de los problemas de seguridad, sumada a un miedo endémico al cambio entre muchas personas que trabajan en la administración, es probable que la oposición al BYOD y sus beneficios netos continúe en el futuro.

Dicho esto, cuando se prevé que el BYOD pasará de ser un sector de 6.700 millones de dólares a uno de 18.100 millones a finales de 2017, cada vez va a ser más difícil ignorarlo.

Las historias de éxito de los servicios públicos que han adoptado BYOD y lo han hecho funcionar en su beneficio quizá hagan más positivo el debate: hay que dar tiempo al tiempo. Y los errores que han cometido a lo largo del camino los que han implementado BYOD ofrecerán a los indecisos algunos argumentos a considerar a la hora de formular su propia estrategia y analizar sus opciones.

Pero el cambio no se realiza de la noche a la mañana y, aunque aún percibimos las arquetípicas reticencias de los organismos gubernamentales, ya han caído las primeras fichas de dominó. Esto significa que es probable que la cuestión sea «cuándo», en lugar de «si», en lo que respecta a la proliferación del BYOD en el sector público.

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