No es cosa del futuro: la transformación inteligente ya es una realidad

Stuart Constable

11/03/2019

La transformación inteligente ya está aquí y está haciendo que la transformación digital parezca cosa del pasado. Pero, si ya estás en plena transformación digital (¿y quién no lo está?), ¿dónde acaba lo digital y empieza lo inteligente?

 

Sylvain Ansart, arquitecto técnico de Lenovo, prescinde de su bola de cristal y señala algunas formas prácticas e, nos atrevemos a decir, inteligentes de tomar el control de un futuro siempre desconocido.

Cada vez me llegan más noticias sobre la necesidad de pensar más allá de la transformación digital y centrarnos en los resultados. Pero estoy seguro de que eso ya lo has hecho.

Los clientes con los que hablo siempre quieren definir objetivos precisos para sus programas de transformación y conocer detalladamente los siguientes pasos. Los resultados siempre han sido la fuerza detrás de cualquier cambio.

Para mí (y sospecho que también para ti), la verdadera pregunta es: ¿cómo afectará el futuro a los resultados que ya he planificado?

La única predicción fiable sobre el futuro es que estará equivocada. Una vez aceptado esto, estaremos preparados para hacer planes e incluso para abordar las innovaciones que nos ayuden a prepararnos para lo que venga.

Veamos dos de las mayores fuerzas motrices de lo que ahora llamamos “transformación inteligente”. Los sitios web de nuestro sector no paran de hablar de la inteligencia artificial (IA) y del Internet de las cosas (IdC).

Nos dicen que tenemos que reinventarnos porque estas tecnologías van a transformar nuestro mundo de formas que ni siquiera alcanzamos a imaginar. Puede que sea cierto, pero no es de mucha ayuda. Si no podemos ni imaginárnoslas, ¿cómo nos preparamos para ellas?

Merece la pena reflexionar un poco más sobre estas ideas. Y al hacerlo, descubrimos que la IA y el IdC no son los conceptos futuristas inimaginables que parecían ser.

De hecho, yo estoy usando la inteligencia artificial mientras escribo esto. Microsoft Word es capaz de adivinar, con cierto grado de precisión, qué voy a escribir a continuación, aunque el inglés no sea mi lengua materna. En unos instantes, utilizaré Excel para realizar algunos cálculos complejos de costes y beneficios para el proyecto de transformación de un cliente.

Así que, cuando se trata de robots o software que mejoran las capacidades humanas, lo cierto es que eso ya ocurrió hace tiempo. Probablemente mejoraremos la interfaz hombre-máquina, pero ya es un concepto  bien establecido.

Esto es algo que también ilustra otro punto importante del futuro incierto que nos espera. Estas nuevas tecnologías inimaginables no reemplazarán inevitablemente a los seres humanos, sino que a las tareas más ingratas y peligrosas que hacemos, y crearán nuevas formas de trabajo que serán más gratificantes y estarán mejor renumeradas.

No me gustaría parecer complaciente. Es cierto que el ritmo del cambio siempre crea cierto retraso entre el impacto de la tecnología y el reciclaje profesional para llevar a cabo los nuevos tipos de trabajo.

Pero la historia económica, y lo más importante, la historia demográfica muestran que es probable que ese retraso sea proporcional al ritmo del cambio. Puede ser los nuevos tipos de trabajo tarden una generación en consolidarse, pero también es verdad que el cambio se produce a ese mismo ritmo. Hoy en día, nos tomamos los vertiginosos ritmos del cambio con naturalidad. Y las generaciones venideras serán aún más flexibles en cuanto a sus expectativas y estarán deseosas de experimentar con nuevas cosas.

Incluso los que llevamos aquí algún tiempo podemos echar la vista atrás y ver cómo nos hemos ido adaptando, aprendiendo nuevas tecnologías e incluso nuevos conceptos. Por tanto, aunque el ritmo es cada vez más acelerado, no es algo que se nos escape de las manos.

Por eso nuestros clientes no esperan a ver qué les depara el futuro. Trabajan con nosotros para inventar el futuro aquí y ahora, y disponer de sistemas que se adapten y resurjan cuando los desarrollos futuros tengan un mayor impacto.

Un ejemplo sería el comerciante que utiliza videocámaras e informática perimetral para recopilar datos de movimiento y selección de artículos en los almacenes. Las cámaras pueden enviar una alerta cuando un empleado coloca un artículo en el palé equivocado, y también pueden detectar cuándo los empleados se ven obligados a realizar trayectos ineficaces en el almacén.

No es necesario que alguien vea imágenes; las cámaras se utilizan como sensores de IdC que generan informes que a su vez permiten realizar cambios en el sistema de “picking”. Esto facilita la vida a los empleados, y la productividad y la eficiencia se ven transformadas.

Aquí está de nuevo la palabra: transformación. Pero una transformación con una relevancia local inmediata, enviando datos útiles en tiempo real a personas que pueden aplicarlos en el acto. Esta es la clase de futuro que podemos crear para nosotros mismos con total confianza.

Estoy seguro de que esta no va a ser la última entrada de blog que leas en cuyo título aparezca la palabra “transformación”, y probablemente tampoco sea la última que escribo. Pero con la aparición de la transformación inteligente como un concepto relevante, me entusiasma la posibilidad de que surjan más debates sobre un cambio intencionado que produzca resultados tangibles y duraderos.

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