Lecciones de la domótica para empresas

Clare Hopping

01/03/2017

Gartner ha pronosticado que a finales de 2016 habrá más de 6 400 millones de sistemas conectados en edificios comerciales. ¿Cómo implementan la tecnología inteligente estas empresas?

La empresa de investigación Gartner pronostica que los edificios comerciales tendrán más de 6 400 millones de «elementos conectados» a finales de 2016, ya sea para iluminación, calefacción o refrigeración por tecnología inteligente. Los motivos más comunes de este tipo de instalaciones suelen ser el ahorro energético y la personalización de la vida laboral de la plantilla, según indica el informe.

«En pocas palabras, estamos pasando del trabajo a la interconexión (de “work” a “network”, en inglés)», según explica el profesor Carlos Ratti, fundador de la empresa de diseño e innovación Carlos Ratti Associates. «Un sistema de respuesta a la habitación humana no solo nos permite crear edificios más sostenibles, sino elaborar plataformas que mejoren la interacción, por ejemplo a la hora de reservar una sala o concretar una reunión peripatética».

Identificar el valor de una oficina inteligente

Según explica Chris Lewis, socio de Deloitte, los edificios inteligentes, como las viviendas, funcionan mejor cuando son capaces de comprender y comunicarse con los rasgos individuales y colectivos. Una vez identificados, se pueden crear experiencias personalizadas para cada ocupante, pero éste debe dar su consentimiento para que el edificio se comunique con él por iPhone o smartphone.

«De momento la experiencia resulta un tanto unilateral», explica. «El usuario proporciona toda la información al edificio inteligente pero el edificio, por su parte, no le devuelve gran cosa».

Lewis compara también el futuro de la oficina con el de los entornos comerciales, donde los smartphones de los usuarios enviarán información y el vendedor responderá sugiriendo ofertas o facilitando una sesión de compras más relevante. «En este caso, el usuario final se da cuenta inmediatamente de que merece la pena establecer una relación con la tecnología», argumenta.

Escoger la información pertinente, oportuna y funcional y ofrecerla como un extra en el contexto de una oficina comercial tiene mucho que ver con el grado de satisfacción con que el usuario percibe esa posible mejora de su jornada laboral.

Tanto Deloitte como Carlos Ratti Associates han partido de esta premisa para la creación de oficinas inteligentes.

1 New Street Square

La nueva oficina de Deloitte en el número 1 de la plaza New Street Square en Londres ha sido diseñada a partir de lo aprendido en The Edge, en Ámsterdam, que es prácticamente un ordenador con tejado. Se trata de descubrir lo que funciona, lo importa en cada momento, lo que puede transportarse y lo que cuadra en un edificio londinense. Los smartphones de los empleados podrán integrarse con el sistema de gestión del edificio. Por ejemplo, la iluminación de cada una de las mesas de los usuarios se controlará en función de las preferencias de cada uno.

Con un smartphone se podrá reservar salas de reuniones e incluso ver en qué puntos del edificio hay salas libres, en lugar de depender de un despacho de reservas centralizado.

Si alguien quiere sentarse a una mesa compartida, el edificio le indicará el mejor sitio para colaborar eficazmente con personas que trabajan en los mismos proyectos e identificará a compañeros con personalidades y aptitudes similares.

«No es ninguna revolución, pero entre la experiencia actual y la futura, esta será muchísimo mejor», dice Lewis. «En cierto sentido es un poco Gran Hermano, pero lo que busca el diseño en última instancia es hacer más eficiente el uso y la estancia en un edificio. Simplemente facilita la cooperación, el trabajo en equipo y, en resumidas cuentas, el que la tarea salga adelante».

Sede de la Agnelli Foundation

Al igual que el espacio de oficinas de Deloitte, los diseños de oficina de Carlo Ratti se centran en el empleado, permitiéndole controlar los sistemas de calefacción, refrigeración e iluminación. Al desplazarse por el edificio, la luz y la temperatura irán variando según sus preferencias, por lo que siempre se encontrará en el entorno laboral perfecto.

«El sistema da forma a un entorno de trabajo que aprende y se sincroniza de manera natural con las necesidades del usuario, optimizando el uso del espacio y limitando el derroche de energía», explica el profesor Ratti.

«Estamos equipando el antiguo edificio con sensores para el Internet de las cosas (IoT) que controlan distintos tipos de datos, como los niveles de ocupación, la temperatura, la concentración de dióxido de carbono y la disponibilidad de salas de reuniones. Sobre la base de esta información, el sistema de administración de edificios (BMS) responde de manera dinámica, ajustando la iluminación, la calefacción, el aire acondicionado y la reserva de salas en tiempo real».

Según Ratti, cuando los ocupantes de un edificio establecen su temperatura preferida desde la aplicación de su smartphone, una burbuja térmica les acompaña por todo el edificio. Esto es posible gracias a las unidades de ventilador situadas en los falsos techos, que se activan con la presencia humana. Cuando un ocupante abandona un espacio determinado, la sala vuelve automáticamente al «modo espera» y ahorra energía, tal y como actúan los ordenadores.

El futuro de la oficina inteligente

Lewis cree que los promotores inmobiliarios empezarán a incluir este tipo de tecnologías en los edificios que construyan en lugar de dejarlo en manos de los inquilinos. «Me imagino que llegará un momento en que nos moveremos por la oficina y prácticamente tendremos un mini holograma sobre la cabeza que indique tu puesto en el escalafón y dónde te sientas», afirma Lewis. «Veo incluso que llegará un momento en que al pasar junto a una persona que tenga un perfil de LinkedIn conectado contigo, o si conoces a alguien que le conoce, aparecerá algo sobre sus cabezas o en los teléfonos para avisar», añade.

Hay tanta tecnología por ahí que la cuestión es usarla de manera sensata, concluye Lewis.

 

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