El auge del Internet de las cosas

Lawrence Jones

29/08/2016

El Internet de las cosas: la promesa de una comunicación fluida, constante e inteligente. Al acercarnos a esta aspiración, ¿estamos inaugurando la era del IoT?

El término “Internet de las cosas”, acuñado en 1999, parece estar en uso desde siempre en los círculos tecnológicos, pero sólo ahora estamos entrando en una era en la que se puede hacer realidad esa promesa de conectividad total, con todas las ventajas asociadas a ella.

Simplificando, el internet de las cosas es una situación en la que cada objeto, animal y persona cuenta con un identificador único (UID) y puede transmitir datos en red sin necesidad de interacción alguna de humanos o máquinas.

Este tipo de conexiones tienen un potencial ilimitado. La sociedad sería la primera en beneficiarse de una mayor eficiencia y precisión en los dispositivos conectados a Internet. Ofrece además ventajas económicas y empresariales evidentes. Pero antes de emocionarnos demasiado, hay que responder a algunas preguntas desde el punto de vista tecnológico y ético.

Las predicciones a largo plazo son siempre difíciles, especialmente si se trata de tecnología, pero vamos a explorar lo que implica para usted y su empresa el auge del Internet de las cosas y los escollos con los que podemos toparnos en la travesía hacia un mañana de conexión constante.

Conexión constante

En el mundo de hoy ya hay el doble de dispositivos interconectados que personas, y la cifra sigue aumentando. Los cálculos varían, pero un informe reciente de Juniper Research afirma que en 2020 habrá entre 30.000 y 50.000 millones de dispositivos conectados en todo el mundo.

Parecen muchísimos, pero el potencial del Internet de las cosas es ilimitado, con direcciones IP suficientes para billones de dispositivos. Con solo imaginarse el panorama, a algunas empresas ya se les están alargando los dientes. Estas conexiones originarán nuevas e interesantes oportunidades para los vendedores , ya que les permitirá inmiscuirse en casi todos los aspectos de nuestras vidas para ofrecernos maneras de gastar dinero.

Por ejemplo, un sensor en su coche indica que le queda poco combustible y casi inmediatamente aparece el anuncio de una gasolinera en la pantalla. En este caso la tecnología soluciona un problema y ofrece una oportunidad de marketing, a la vez que facilita la vida al usuario.

No solo nos beneficiaremos como consumidores: el Internet de las cosas puede cambiar también nuestra forma de trabajar, según afirma Mike Weston, director general de Profusion, una asesoría de ciencia de datos con oficinas en Londres y Dubái y especializada en ayudar a las organizaciones a comprender y mejorar sus relaciones con las personas a través de la tecnología. “Hay numerosas aplicaciones interesantes, desde herramientas para controlar y mejorar el bienestar y la productividad de los empleados hasta aplicaciones formativas e informativas”, declara.

La solución de un problema

La mejor tecnología (el portátil, la tableta, el teléfono inteligente y, ahora, el reloj inteligente) debe integrarse en nuestra vida cotidiana casi sin enterarnos, y a partir de ahí solucionarnos los problemas y facilitarnos las cosas. Sin embargo, en algunos casos no está claro cómo pueden mejorar nuestras vidas estas innovaciones.

“Parece que todos los días aparece un nuevo producto ‘inteligente’. Lamentablemente, muchos de estos dispositivos no tienen una aplicación práctica cotidiana que los consumidores estén deseando adquirir”, añade Weston. “Creo que vamos a ser testigos de una consolidación del mercado en la que muchos dispositivos y conceptos se irán cayendo por el camino”.

El Internet de las cosas debe encarnar lo mejor de la tecnología, pero lo principal es que se desarrolle en torno a las necesidades de los usuarios en lugar de las de los fabricantes, vendedores o empleados.

Trabajar en equipo

El Internet de las cosas está estimulando una nueva gama de dispositivos innovadores e interesantes, pero también se está encontrando con uno de los obstáculos que han plagado el mundo tecnológico durante años: la interoperabilidad.

En su informe, Juniper Research apunta a una falta de estandarización en el Internet de las cosas que causa problemas tanto a las empresas como a los usuarios. Antes de que el Internet de las cosas alcance todo su potencial lo más probable es que emerja un estándar de algún tipo, como describe Weston: “La estandarización simplifica el mercado y reduce los costes tanto de los consumidores como de los fabricantes. También supone un elemento a prueba de futuro”.

Adoptar formatos universales como USB y los cargadores de los teléfonos inteligentes ha llevado tiempo. Del mismo modo, aunque un estándar universal todavía esté lejano en el tiempo, probablemente sea un factor esencial de la futura integración del Internet de las cosas en el tejido de nuestras vidas, donde alcanzará todo su potencial. Aún nos queda por saber de dónde provendrá y quién lo creará.

Cuestión de ética

El Internet de las cosas genera cantidades inmensas de datos, la mayoría de los cuales se consideran inocuos, pero allá donde hay datos, hay riesgo. No es sorprendente que la gestión y protección de los macrodatos sea uno de los mayores obstáculos del éxito del Internet de las cosas.

Las principales dificultades, relativas a la captación de datos o la infracción de la privacidad y la confianza, son viejas conocidas del sector y pueden solventarse. Pero el Internet de las cosas plantea otra serie de cuestiones éticas específicas que podrían dar mucha guerra.

Los datos generados por el Internet de las cosas tienen el potencial de crear una imagen casi integral de nosotros como individuos, familias e incluso sociedades completas. ¿Nos parecería bien que esta información se divulgara? En caso de que así fuera, ¿a quién?

Cada cual tiene su propia respuesta a esta pregunta. Como sociedad cada vez estamos más concienciados acerca de nuestra seguridad online, una situación que probablemente se intensifique dado el carácter personal y potencialmente intrusivo de la tecnología de conexión constante.

El Internet de las cosas parece imparable, y es un adelanto tecnológico que nos aportará beneficios a todos. Aunque tiene aspectos preocupantes de índole ética, la historia ha demostrado que, allá donde la tecnología nos ofrezca una mejora demostrable en nuestras vidas, lo más probable es que la adoptemos.

Seguro que habrá piedras en el camino, pero es un camino que nos adentra en un futuro interconectado de manera constante que todos podremos disfrutar y aprovechar.

 

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