El fracaso: un paso importante en el (pedregoso) camino hacia el éxito

Brid-Aine Parnell

14/10/2015

Los emprendedores que tienen a sus espaldas empresas y productos que han fracasado son a menudo personas maduras y diestras en el ámbito de los negocios. Sus historias son un aliciente para las startups en apuros.

Entre todo el ajetreo que se está viviendo en torno a la creación de nuevas empresas en Europa, hay una palabra que suele susurrarse más que pronunciarse en voz alta: fracaso.

Failing Forward es un congreso que se ha celebrado en Bruselas los tres últimos años. En él, emprendedores de éxito se suben a la tribuna para hablar a los novatos sobre su oscuro pasado, específicamente de aquellos proyectos que quedaron en la estacada antes de alcanzar la gloria.

“Los emprendedores nos dicen continuamente que se han encontrado con problemas en algún momento de su trayectoria. Sin embargo, son muchos los que, cuando las cosas no salen como esperaban y se ven al límite, tienen la impresión de que esta circunstancia no les ocurre más que a ellos y que, por tanto, debe haber algo que están haciendo mal. En muchos casos, esta imagen distorsionada de la realidad les impide perseverar”, explica Karen Boers, directora general de Startups.be, que organiza el congreso.

“Esa idea nos hizo acudir a emprendedores con amplia experiencia para pedirles si estarían dispuestos a compartir sus experiencias personales. En muchos casos, al hablar cara a cara, admiten que se han enfrentado también a rachas difíciles; que han tenido cuentas en números rojos, han perdido oportunidades y algunos de sus productos han fracasado. Incluso hay casos de bancarrota pura y dura”.

Startsup.be, que apoya a los emprendedores tecnológicos belgas, ha querido que las nuevas empresas de Bélgica y de toda Europa sean testigos de estas historias de fracaso, de boca de personas que han logrado recuperarse, empezar algo nuevo o insistir y llegar al éxito.

“Creo que el fracaso es una condición necesaria para el éxito”, enuncia Boers. “Por supuesto, tiene muchas facetas. No es que todos tengamos necesariamente que caer en bancarrota un par de veces para llegar a ser empresarios de éxito, pero, sea cual sea el tipo de negocio o de recorrido empresarial, uno se enfrentará a situaciones que no se salen todo lo bien que se espera. Y yo creo, de hecho, que aprender a superar estas circunstancias y a encontrar soluciones sólidas ayuda a llegar a ser un empresario mejor y a tener más éxito a fin de cuentas”.

El fracaso puede ser un acicate para el éxito de muchas maneras diferentes. En la primera edición del congreso, el empresario belga Peter Hinssen habló sobre su primera empresa e-COM, que fundó allá por 1995, cuando creaba intranets para clientes internacionales. Continuó trabajando en el departamento de desarrollo empresarial de la empresa tras su venta a Alcatel-Lucent pero, finalmente, en vista de las diferencias entre su punto de vista y el de la nueva empresa madre, esta decidió prescindir de él. Describió el despido de su propia startup como un aliciente para seguir adelante y triunfar como empresario, utilizando su indignación como impulso y aprendiendo que una empresa no tiene por qué revenderse ni ser cedida para alcanzar el éxito.

Aunque esto no parezca una novedad, hasta hace poco, según Boers, los empresarios de éxito no estaban tan dispuestos a hablar de sus malas rachas.

“Cuando acudí a varios empresarios prósperos hace unos años para pedirles que vinieran a contarnos sus errores, se mostraron muy, muy indecisos. Incluso en aquel momento de sus carreras, se mostraban bastante temerosos de que el testimonio manchara su reputación. Hoy en día, sin embargo, no parecen tan tímidos, entienden la importancia de su relato y se dan cuenta de su valor a la hora de animar a otros empresarios y fomentar el sistema en general”, explica.

El congreso no solo ofrece a los nuevos empresarios la oportunidad de escuchar este tipo de historias, sino también la posibilidad de conectar con empresas de éxito y encontrar mentores o consejeros potenciales que les ayuden en caso de pinchazo.

Lo más difícil es hallar el equilibrio entre exhortar a los emprendedores a seguir adelante y hacerles ver cuándo es hora de tirar la toalla.

“Es muy, muy difícil convencer a un emprendedor tanto de continuar como de detenerse. Tiene que salir de muy dentro. Así y todo, deben aprender, por lo menos, a plantearse esa pregunta ellos mismos, a pedir la opinión de los que están a su alrededor o acudir a alguien que les aconseje. Como padre de la criatura, uno no quiere renunciar a ella, uno no quiere despedir a las personas con las que trabaja, de las que se siente responsable. Por lo tanto se trata de una decisión muy difícil que se toma desde un punto de vista emocional”, destaca Boers.

En EE. UU. los inversores suelen preferir a los emprendedores que han fracasado al menos una vez, pues el hecho de haber tenido una empresa o un producto que no ha funcionado y, aun así, haber seguido adelante, demuestra que han aprendido cómo funciona el mercado. Los inversores europeos han demostrado inclinarse hacia los nuevos y flamantes emprendedores con buenas ideas, pero esto está empezando a cambiar, ya que cada vez está más generalizada la idea de que el fracaso no es más que una de las etapas del camino hacia el éxito.

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