No hay mejor lugar de trabajo que la casa

Gareth Kershaw

03/12/2018

«Gracias a los continuos avances en tecnologías como la banda ancha, la informática móvil y las soluciones de colaboración, el trabajo a distancia (el eterno tormento de tantos jefes conservadores) se está haciendo más viable técnicamente desde hace algún tiempo. Además, cabe destacar que cada vez es más interesante desde un punto de vista comercial», escribe Gareth Kershaw.

Que quede entre nosotros, pero hay jefes que se estresan por cualquier cosa

 

«¿Qué dices? ¿Que quieres “trabajar desde casa” el jueves?».

 

«Bueno, tengo una reunión muy cerca de casa, después una videoconferencia de tres horas y luego un informe que terminar, así que tiene sentido».

 

«Pero, pero, pero… no puedes

 

«Vaya. ¿Por qué no?».

 

«Bueno, ¿qué me dices de, eh, eso? De la productividad, eso es. Y de la seguridad. Y, eh, ya sabes, del resto de… cosas».

 

¿Te suena?

 

¿Por qué sigue habiendo tantos jefes que se ponen nerviosos cuando oyen hablar de gente que trabaja desde casa o desde cualquier sitio que no sea la oficina? En realidad, apenas importa. Es una actitud que demuestra poca amplitud de miras, cada vez por más razones.

 

En primer lugar, tal como innumerables estudios han demostrado recientemente, siempre que se mantengan los canales de comunicación y de participación adecuados, los empleados que trabajan a distancia no son menos productivos ni efectivos.

 

De hecho, suele ocurrir lo contrario. Los estudios de Gallup y Ernst & Young revelan que aquellos empleados que tienen la opción de trabajar a distancia uno o dos días a la semana muestran mayores niveles de compromiso que sus compañeros de oficina.

 

En segundo lugar, ya existe una gama cada vez más amplia de tecnologías (por ejemplo, las que incluyen los ThinkPad de Lenovo) que permite asegurarse de que dichos trabajadores estén más protegidos, sean más productivos y colaboren mejor.

 

Lo tercero y más importante es que NO permitir algún tipo de trabajo desde casa apenas tiene sentido desde un punto de vista comercial. No solo por los argumentos lógicos que suelen esgrimirse (es bueno para la moral de los trabajadores y favorece la conciliación; es un recurso que puede ampliarse según las necesidades, etc.), sino por todo tipo de razones sólidas, prácticas y con resultados.

 

Porque una cosa está clara: el trabajo remoto y las tecnologías asociadas a él, como la inteligencia artificial, pueden ser fundamentales para que las empresas logren satisfacer las principales exigencias comerciales.

 

Por ejemplo, a la hora de reducir gastos operativos. Al parecer, entre 1995 y 2008 un importante gigante tecnológico redujo su espacio de oficinas en más de siete millones de metros cuadrados, de los cuales más de cinco millones se vendieron por 1900 millones de dólares. Bastante ilustrativo, ¿no?

 

También se puede ahorrar reduciendo los tiempos de desplazamiento al trabajo y de otras maneras. Según datos de Global Workplace Analytics y FlexJobs*, el hecho de no imponer la asistencia diaria a la oficina puede suponer un ahorro de tiempo de 11 días al año por empleado, y el horario flexible genera beneficios similares (unos 11 000 dólares al año, siempre que el trabajador pueda trabajar a distancia la mitad del tiempo).

 

Además, este sistema ofrece otras ventajas en otros ámbitos.

 

En lo que a contratación se refiere, la llamada «gig economy» (economía bajo demanda) abre un nuevo abanico de posibilidades. Ofrecer oportunidades de trabajo a distancia podría permitir a las empresas aprovechar el talento de personas que, de otro modo, no estarían a su alcance. Las madres que tratan de reincorporarse al mercado laboral, por ejemplo, podrían ayudar a abordar problemas como la brecha salarial entre géneros.

 

En un contexto más amplio de recursos humanos, el potencial en aspectos como la selección, la adquisición y el desarrollo de personal es enorme. Es posible mejorar la búsqueda, la selección y el filtrado de los mejores candidatos, así como la orientación prestada durante los procesos de contratación y adaptación inicial a la empresa, a fin de que los nuevos empleados den lo mejor de sí nada más llegar.

 

Lo esencial, según Kate Lister, presidenta de Global Workplace Analytics, es lo siguiente: «Ya estemos a unos tres metros, nueve plantas o nueve zonas horarias de distancia, la realidad es que se trabaja virtualmente.Los empleados ya han abandonado el edificio».

 

Por el momento, parece que los jefes van a seguir teniendo motivos para estresarse…

 

 

* https://www.flexjobs.com/2017-State-of-Telecommuting-US/

La oficina de cara a 2020

Todo lo que necesitan saber las organizaciones del siglo XXI.