Los robots se acercan… Cómo está a punto de cambiar el mundo laboral

Los robots van a llegar al panorama laboral. Y no van a hacerse solamente con los trabajos de baja categoría, sino que a corto plazo serán máquinas tan avanzadas que podrán desempeñar tareas complejas que hasta ahora han sido coto cerrado de los trabajadores especializados.

La idea de que los robots nos quiten los puestos de trabajo no es nueva. Desde los años 50, las películas de ciencia ficción han estado repletas de androides que se encargan de todo tipo de tareas no especializadas, como la conducción de vehículos o la limpieza de hogares y oficinas. Sin embargo, las investigaciones recientes muestran que podrían extenderse mucho más.

Según un estudio de 2013 de Michael A. Osborne y Carl Benedict Frey, de la Universidad de Oxford, el 47% de los puestos de trabajo en EEUU podría caer en manos de los robots en los próximos 20 años. Sin embargo, y según las estadísticas, no son solo los puestos de trabajo de baja categoría los que están en riesgo. Entre la lista podemos encontrar periodistas económicos y deportivos, vendedores online, técnicos matemáticos, corredores de seguros, relojeros y asesores fiscales.

¿Por qué este tipo de empleos? Porque implican un alto grado de análisis y rutina, y ambas son áreas en las que los ordenadores rinden muy positivamente. Gracias a los algoritmos complejos, la inteligencia artificial está avanzando hacia áreas del mercado laboral que anteriormente parecían intocables.

La tendencia natural es la inquietud. “Los androides vienen a quitarnos el trabajo” es un dicho que resulta familiar. Y cualquiera que haya sido testigo del ritmo de los avances tecnológicos en los últimos años – por no mencionar el sofisticado peso intelectual del superordenador Watson de IBM – habrá sentido seguramente el gusanillo de duda sobre el futuro de su carrera.

Algoritmos en la oficina

A pesar de que los empleos mencionados tienen una probabilidad del 99% de ser ocupados por máquinas (o de sufrir desempleo tecnológico, si se utiliza el término oficial), el panorama no es tan desalentador como parece. Para empezar, la idea de una oficina gestionada completamente por máquinas sigue siendo un tanto remota, dado lo difícil que es automatizar los entornos no estructurados. Hay diferentes superficies de suelo, diferentes anchuras en los pasillos y objetos de múltiples tamaños con los que interactuar. Los entornos como almacenes, hospitales y aeropuertos, sin embargo, están mucho más estructurados y por tanto son más fáciles de automatizar.

Tanto es así que esto se puede comprobar con sólo observar dónde se están empezando a emplear robots. Los vehículos autónomos pueden circular por carreteras concurridas, las cajas automáticas están cada vez más presentes en los supermercados europeos y los algoritmos de venta online pronostican con una precisión cada vez más alarmante qué productos vamos a querer adquirir. El QC-Bot ha recibido el sobrenombre de “Mars rover” para hospitales, ya que circula por las plantas repartiendo medicinas, material y comidas, aunque su trato con los pacientes es manifiestamente mejorable.

Esto no implica que la oficina esté completamente a salvo de los colegas/rivales robóticos (según el punto de vista). En los grupos de secretarias de las oficinas de los 50 los elementos sociales, como el contacto cara a cara, formaban parte del trabajo. A partir de la llegada de los procesadores de textos esos elementos sociales perdieron su valor y no pudieron salvar a estos grupos, que se extinguieron como los dinosaurios. ¿Quién puede asegurar que no ocurrirá lo mismo con la oficina, y que no se rediseñará en torno a los robots?

Ventajas para el lugar de trabajo

Una mayor integración tecnológica supone beneficios para las empresas. Debido al descenso del precio de los componentes informáticos, además de su potencia cada vez mayor, las máquinas resultan más baratas que los humanos. No necesitan vacaciones, ni irse a su casa a descansar por la noche… con un mantenimiento exhaustivo pueden funcionar las veinticuatro horas del día.

Como hemos podido ver, los algoritmos son más competentes que los humanos ante ciertas tareas, como analizar grandes cantidades de datos para encontrar determinada información. Además no son proclives al tanteo y los sesgos humanos. Por ejemplo, no se ponen de mal humor cuando tienen hambre, así que su trabajo no se ve afectado.

Menor riesgo

No todos los empleos están en riesgo ante los robots. Los ordenadores no tienen mucha mano en tareas creativas y tienen niveles muy bajos de inteligencia social. Por tanto, los empleos en la esfera creativa, y los que implican tratar con personas y ocuparse de ellas, presentar información y los que necesitan un nivel de persuasión alto están más a salvo del desempleo tecnológico. Otros empleos de alta titulación también están fuera de peligro. Como regla general, según Osborne y Frey, cuanto más se gane, más seguro es el puesto de trabajo.

¿Utopía o distopía?

Las opiniones de los expertos están divididas en cuanto a las implicaciones de todo esto para el entorno de trabajo. Algunos empleos serán ocupados por máquinas, sin ninguna duda, y por el momento no hay predicciones sobre qué les ocurrirá a los desplazados. Hay quien ve una utopía en la que se verán liberados para emplear su tiempo en otra cosa, como avanzar en el conocimiento humano y ampliar las fronteras de la ciencia. Otros prevén desempleo masivo.

Neelie Kroes, exvicepresidenta de la Comisión Europea, ha pedido al sector de la robótica que “despeje la incertidumbre y la desconfianza” en torno a la presencia de robots en el lugar de trabajo y que asegure al público que esto no implicará una pérdida generalizada de empleos.

Lo único que sabemos, de momento, es que se acercan los robots. Y, a tenor de estas últimas décadas de adelanto tecnológico, su impacto causará un cambio radical en nuestro modo de pensar y comportarnos en relación al trabajo.

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