¿Inteligencia aumentada o aumento de la inteligencia?

Gareth Kershaw

11/03/2019

La tecnología evoluciona tan rápido que es difícil saber qué será lo próximo, y mucho menos prepararse para ello. Cada vez son más las posibilidades y ventajas, pero ¿cuál es la mejor forma de sacarles el mayor partido? Y al “humanizar” las tecnologías —creando máquinas más “sensibles” dotándolas de sentidos propios de los seres humanos—, ¿corremos el riesgo de deshumanizarnos nosotros? Sea como sea, según Gareth Kershaw, la clave está en que los seres humanos y las máquinas trabajen codo con codo, cada uno con su potencial… 

Uno de cada dos artículos sobre tecnología comienza más o menos así: “El mundo está cambiando más rápido que nunca”.
Lo sé, y quizás por eso ese “cambio” se haya convertido en uno de los mayores tópicos.

Lo que no significa que ese cambio no sea importante. Porque, la verdad sea dicha, sí que lo es. En serio. Especialmente dentro del ámbito de la inteligencia. El aprendizaje automático, la inteligencia artificial,  la realidad aumentada, los chatbots… Todos causan furor hoy en día. Y no parece que esto vaya a cambiar.

Ahora es prácticamente imposible visitar una página web, leer las noticias o participar en una votación sin que se produzca un flujo constante de avisos: robots de servicios online, “ciberanzuelos” tan intuitivos que dan miedo y agregación de datos. Cambridge Analytica.

Las máquinas también son de suma importancia en otros ámbitos, como en la automatización de la producción.Según la Federación Internacional de Robótica (IFR, por sus siglas en inglés), hay algo más de 74 unidades robóticas por cada 10 000 empleados de media en el mundo. No es un gran repunte si lo comparamos con las 66 unidades de 2015, pero sí es un aumento espectacular con respecto a las cifras de solo unos años antes.

También hay proyectos como el SpiNNaker de la Universidad de Manchester: un superordenador con un millón de núcleos de procesamiento y 1200 placas de circuitos interconectadas que, en combinación, funcionan como un cerebro humano.

SpiNNaker (abreviatura inglesa de “Arquitectura de redes neuronales de impulsos”) “redefine la manera en la que funcionan los ordenadores convencionales”, según Steve Furber, uno de los miembros del proyecto y profesor de ingeniería informática de Manchester.

Al parecer, el ordenador neurofórmico más grande del mundo es capaz de simular más neuronas en tiempo real que cualquier otro ordenador del planeta, y desempeña un papel fundamental en el Proyecto Cerebro Humano de la Unión Europea, cuyo objetivo es crear un cerebro humano virtual funcional.

Veámoslo con cifras. Parece ser que SpiNNaker puede realizar 200 000 billones de operaciones al mismo tiempo. No está nada mal, ¿no?

Sin exagerar, esta es solo una minúscula parte de lo que los cerebros de incluso los tontos zoquetes como yo pueden hacer, y aunque “piensa”, aún no es capaz de hacerlo “por sí mismo”. (Como si yo supiera cuál es la diferencia…). Pero el caso es que piensa.

En Lenovo, también nos afanamos por ampliar los límites de lo que es posible, añadiendo, por ejemplo, elementos como el tacto o las sensaciones al universo de la realidad virtual.

También tenemos, por cierto, más superordenadores que nadie en este mundo. Emplazado en Barcelona, nuestro ordenador de alto rendimiento (HPC, por sus siglas en inglés) MareNostrum es el superordenador dotado de tecnología Intel de nueva generación más grande del planeta, y actualmente es capaz de realizar casi 13,7 billones de operaciones por segundo.

La era del superordenador superinteligente, superhábil y superrápido ha llegado para quedarse.

El hecho de que esto esté sucediendo —y de que lo esté haciendo tan rápido— justifica la creciente paranoia sobre la inteligencia de las máquinas? ¿O estamos siendo precisamente paranoicos?

Por un lado, parafraseando a Jeff Goldblum en su papel de doctor Ian Malcolm en Parque Jurásico, no deberíamos preocuparnos tanto por si podemos o no podemos, sino por si debemos.

Pero por otro lado, seguro que hay alguna forma de evitar un futuro distópico sin cerrarnos en banda. No un cambio arbitrario y sin control —cambiar por cambiar— sino algo más equilibrado.

En Lenovo a eso lo llamamos “transformación inteligente”, una idea con la que nos identificamos mucho y uno de los puntos centrales de unestro enfoque estratégico.

¿Qué es exactamente la transformación inteligente? Según Art Hu, director de TI de Lenovo, consiste básicamente en garantizar dos cosas: ofrecer las prestaciones competitivas que nos permitan avanzar y tener éxito en el momento actual, y aprovechar al mismo tiempo la inteligencia que nos permita seguir evolucionando en el futuro. Una nueva forma de pensar. Nuevos dispositivos. Nuevos modos de interacción.

Los humanos y las máquinas trabajando juntos, al unísono, cada uno con su potencial.

¿El objetivo último? Beneficiar a las personas, no a las máquinas. A la humanidad. Un ideal con el que Lenovo está absolutamente comprometido.

Como dice Art, esto se puede hacer literalmente en cualquier lugar.

Es innegable que el mundo está cambiando más rápido que nunca. Pero, lejos de arrebatarnos el control, las máquinas y la transformación inteligente serán las que nos ayuden a dar sentido al cambio, a hacerlo nuestro, a controlarlo y a aprovecharlo.

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