IA: ¿la sabiduría de las máquinas?

Gareth Kershaw

01/11/2018

Tanto si hablamos de videojuegos como de equipos para administrar medicamentos, una cosa está clara: las máquinas aprenden a toda velocidad. Y aunque las empresas aún tengan mucho que aprender a la hora de adoptar la inteligencia artificial, sabemos que esta puede transformar la colaboración, la gestión del conocimiento, los lugares de trabajo inteligentes y muchas cosas más. Gareth Kershaw analiza el porqué de todo esto, y dónde y cómo se desarrollan los cambios…

El éxito repentino de la inteligencia artificial (IA) tiene algo que, de alguna manera, nos molesta, ¿no?

 

Nadie parece capaz de explicar a qué se debe exactamente ese malestar, pero inevitablemente se nos vienen a la cabeza vagas escenas de pesadilla con un aire distópico y paranoide, como sacadas de Terminator.

Sea como sea, es algo que nos resulta incómodo. ¿Por qué?

Es posible que tenga algo que ver con las noticias que nos llegan sobre el uso de la inteligencia artificial en la asistencia sanitaria y otros ámbitos delicados. Como el software de aprendizaje automático que se está desarrollando para controlar las dosis de determinados fármacos quimioterapéuticos y la frecuencia con la que se administran (con la misma técnica empleada para enseñar a los bots a jugar a videojuegos).

No es raro toparse con artículos de opinión que empiezan diciendo Está bien usar la inteligencia artificial para enseñar a Super Mario a adquirir un poder, para luego concluir indignados: ¡Pero los tratamientos contra el cáncer son otro cantar!

Dejando a un lado las consideraciones éticas (un tema con el que podríamos eternizarnos y al que, por cuestiones de espacio, no podríamos hacer justicia en este modesto blog), no cabe duda de que la inteligencia artificial está haciéndose un hueco en las empresas.

A algunos quizá les tranquilice saber que lo que parece un éxito repentino e inexplicable en realidad no lo es tanto. Muchos de los cambios más recientes en materia de inteligencia artificial (concretamente, el llamado lugar de trabajo inteligente) empezaron a gestarse hace al menos cinco años y, en algunos casos, incluso mucho antes.

Tampoco debería extrañarnos que la inteligencia artificial esté empezando a usarse para fines comerciales menos provocativos (por ejemplo, en el contexto del lugar de trabajo digital). Después de todo, no es algo que haya ocurrido de la noche a la mañana.

Los usos de la inteligencia artificial en el lugar de trabajo aumentan día tras día. Colaboración y crowdsourcing. Análisis inteligente. Ventas y atención al cliente. Control de acceso. Planificación inteligente. Y hasta tareas tan especializadas como la traducción y transcripción de videoconferencias.

Los asistentes virtuales también están ganando muchos adeptos. De hecho, según Dimension Data, el 62 % de las empresas esperan que pasen a formar parte de sus operaciones en los próximos dos años. Muchos incluso predicen que su uso será «la norma», ya que la búsqueda inteligente y la información personalizada traerán consigo cada vez más ventajas en ámbitos como la formación de los trabajadores y la mejora de la productividad.

La inteligencia artificial es, claramente, un catalizador lógico y perfecto para hacer realidad el lugar de trabajo inteligente. Está contribuyendo a que las instalaciones empresariales e industriales estén cada vez más interconectadas y funcionen de un modo más inteligente. Esto, a su vez, mejora la eficiencia operativa, así como la planificación, el análisis y el potencial para desarrollar productos y servicios nuevos y mejores.

Corren buenos tiempos para la inteligencia artificial. Una de las claves del fuerte repunte que ha experimentado últimamente es su eficacia para complementar e impulsar la digitalización empresarial. Con su ayuda, tanto los cargos directivos como el personal que tienen a su cargo pueden dejar las tareas rutinarias en manos de los llamados «empleados virtuales» (bots y herramientas similares) y así liberarse de parte de sus responsabilidades.

En vista de todo esto, es importante reconocer que no todos los usos de inteligencia artificial son conflictivos y que tal vez no debamos dejarnos dominar por el miedo irracional que nos despierta.

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